Una pizca de sal

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Una pizca de sal

Mensaje por Karamel el Vie Feb 17, 2012 9:16 pm

Aqui en las Filipinas, tenemos una gran cantidad de criaturas mitológicas, especialmente en las áreas rurales. Ejemplos de ello son el Tiyanak (pequeño demonio bebé), el Kapre (un gigante que vive en un gran árbol llamado Balete), el Tikbalang (una criatura mitad humano, mitad caballo), y muchas más.

Pero recientemente, sólo un puñado de gente sigue creyendo en estos monstruos.La mayoría de los filipinos piensa que son solamente leyendas. Es lo que yo solía pensar también.

Déjenme contarles acerca de mi experiencia con uno de los monstruos filipinos.

Mis padres me llaman Ising, aunque mi verdadero nombre es Isabella. Crecí en el pueblo de Capiz, en la provincia. La gente en ese lugar siempre ha creído en un inmundo monstruo llamado Manananggal.

La Manananggal toma la forma de una muy hermosa mujer durante el día, y en la noche se convierte a su forma verdadera. Extraño, por que para transformarse, debe separar su torso de la mitad inferior de su cuerpo y desarrollar gigantescas alas de murciélago. Sus uñas se tornarán en afiladas garras que usará para desgarrar a sus víctimas en tiras. Sus dientes se volverán colmillos y su lengua tan larga y delgada como una cuerda.

La Manananggal es similar a otro monstruo filipino llamado Asuang. De cualquier manera, el Asuang es primariamente un cambiaformas. Puede transformarse en animales para engañar a sus víctimas y regresar a su verdadera forma cuando ésta se encuentre más vulnerable. La principal similaridad entre el Asuang y la Manananggal es su predilección por el fresco manjar de los bebés humanos nonatos.

Pese a que las Manananggal tienen gustos ligeramente distintos, (algunas atraen hombres para desposarlos, algunas buscan quedadas de una noche para entonces devorar a su compañero), había una Mananaggal específica en nuestro pueblo que atacaba a todas las mujeres embarazadas.

Yo tenía nueve años en aquel entonces. Mi madre llevaba en su vientre al que habría de ser mi séptimo hermano. Esa noche escuchamos un sonido de aleteo.

Cuatro mujeres preñadas habían sido victimizadas hasta ese momento, asi que mi padre se trepó al techo de nuestra casa llevando un "itak" (un cuchillo similar a un machete). No encontró nada ahi.

Aun asi, estuvimos despiertos toda la noche, aterrados.

Al día siguiente, habiendo yo terminado de ayudar en las tareas, estaba afuera jugando con mis amigos, cuando una linda mujer se me acercó.

Me dijo que la Manananggal era real, y que ella la había visto con sus propios ojos. Entonces me pidió que la siguiera, por que iba a mostrarme algo con que podría matar a la criatura cuando atacara.

Pero yo ya sabía como matarla. La leyendas decían que encontrando la parte inferior del cuerpo de la Manananggal y poniendo sal en la parte donde ésta se separa, evitará que la criatura vuelva a unir su cuerpo. Como para los vampiros es el ajo, asi es la sal para la Manananggal. Y como los vampiros incapaces de regresar a su ataúd antes del amanecer, si la Manananggal no se reúne con su cuerpo inferior, morirá en la luz matinal.

Aun asi, seguí a la dama. Ella me llevó a una choza de palma aislada en la foresta. Me dijo qe cuando la Manananggal atacara, debía ir a la cabaña y tomar el pequeño tarro de arcilla.

No me dijo que había dentro del tarro, o qué hacer con él, pero yo confié en ella.

Tres noches habían pasado y no había señal de la criatura. Todos nos sentíamos menos asustados, y parecía que todo habia regresado a la normalidad, pero yo seguía sin sentirme del todo cómoda.

En la cuarta noche, toda mi familia se encontraba durmiendo profundamente, a excepción de mi. La misteriosa mujer y la tenebrosa choza seguían grabadas en mi mente.

Entonces escuché a alguien gemir. Era una mujer. ¿Eran mamá y papá otra vez?

En una ocasión, los había sorprendido teniendo sexo. Me habían dicho que solamente estaban jugando y que, como hacía mucho calor, se habían quitado la ropa. Ahora sé lo estúpida que fui, ya que había una tormenta en ese momento.

Mamá gimió de nuevo. Lo ignoré y traté de dormir. Pero entonces gimió más fuerte. Una vez y otra. Cada sollozo se escuchaba más fuerte que el anterior. Entonces gritó.

Corrí a su habitación para ver qué había sucedido. Una hebra larga y delgada estaba entre sus piernas, jalando algo desde adentro.

Mi padre se levantó y trajo su "itak". Mi hermano mayor, Juan, salió al pueblo, convocando la ayuda de los hombres y advirtiendo a las mujeres y los niños acerca de la Manananggal en nuestra casa. Momentos después, una turba de hombres apareció en la casa llevando "itaks" y antorchas.

Todos la vieron. La Manananggal. Aun seguía en nuestro techo, tratando de retraer su lengua, jalando con ella a mi hermano nonato.

Yo permanecí en estado de shock hasta que recordé a la mujer bonita y la choza de palma escondida.

Rápidamente tomé un puñado de sal de la cocina y corrí hacia el bosque. Sabía que podía ser peligroso para una pequeña niña como yo; pero aun asi continué, haciéndolo por mi madre.

Corrí tan rápido como pude hasta que logré alcanzar la choza de palma.Me precipité por la puerta y encontré la parte inferior del cuerpo de una mujer, de pie en medio de la única habitación.

Estaba asustada, pero tuve el suficiente coraje para tirar toda la sal que llevaba en mi mano en su cintura.

Entonces, busqué por la casa por el pequeño tarro de cerámica. Lo encontré en una esquina. Lo tomé y corrí fuera de la choza, sabiendo que la Manananggal volvería pronto.

Después de esa noche, nadie escuchó de la criatura otra vez.

Catorce años han pasado y ahora vivo en Manila. Aun tengo el pequeño tarro que tomé de la choza. Cómo quisiera nunca haberlo encontrado. Por que lo abrí y encontré algo muy fragante en su interior. Era alguna especie de carne. Su aroma era tentador. Tomé un mordisco. Estaba mejor de lo que esperaba. Pronto, terminé todo el contenido del tarro.

Esa misma noche, comencé a sentirme extraña. Tenía hambre de más. Más de la deliciosa carme de dentro del tarro. Mis dientes y mis uñas comenzaron a crecer afilados y puntiagudos. Mi cintura dolía tanto que parecía que se fuera a desprender. Y lo hizo. Simultáneamente, alas de murciélago explotaron de mi espalda.

Estaba en una gran agonía. Recuerdo haber gritado. Después de eso, mi memoria está en blanco. La siguiente cosa que recuerdo, es estar en mi habitación, toda cubierta de sangre, y en mi mano, un feto a medio comer.

Cada noche, entro en el mismo ciclo de dolor y hambre intensa. Y entonces me despierto, veo partes de cuerpos y fetos mordisqueados a mi alrededor.

Lo que siempre deseo cada vez que me transformo es no volver a despertar.

¿Alguien me ayudará, por favor? ¿Una pizca de sal?


Fuente: creepypasta.wikia.com
Imagen: Cortesía de la Expo de Vampiros y Monstruos Centro Cultural El Refugio, Jalisco
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Re: Una pizca de sal

Mensaje por Ethermage el Vie Feb 17, 2012 9:47 pm

Wow! Que bueno estuvo. Y me gustó aún más porque es un creepypasta basado en una leyenda lo que lo hace más interesante y hasta cultural. La mananangal es una criatura que se me hace particularmente bizarra, siniestra y genial. ¿Beber sangre? ¡Eso es para maricas! Ésta come fetos humanos, algo aún mas bizarro, grotesco y dificil de lograr. Luego, eso de que tienes que atacar sus piernas antes de que regrese se me hace bien genial, suena como la mecánica para vencer a un Boss de un videojuego.
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